Todo el Cerro lo conoce. Todo el Cerro lo estima. Hace un par de años arrojaron contra la fachada de su modesto comercio una bomba de alquitrán. No quiso borrar la mancha: es una condecoración.

Estuvimos media hora con él. La gente que pasa por la calle dice:
—Adiós Besozzo...
De los ómnibus que pasan surgen gritos:
—Chau Besozzo...
Es un peluquero: 50 años de edad, lleva más de media vida en la villa. ¿De dónde proviene su popularidad? De su acción, de su forma de ver la vida, de su manera de trabajar.

La tarifa de Besozzo es, ahora, la misma de hace 25 años, cuando empezó: 35 centésimos el pelo, quince la barba.  
—¿Puede vivir con eso?
—Es difícil, por más que se trabaje... Pero esa es la tarifa: si el cliente, voluntariamente, quiere pagar más, se le acepta... Hay quienes pagan dos pesos, quienes tres... Pero es en concepto de propina. Si alguien no puede pagar más de 35 centésimos, está bien.

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SU GRAN OBRA: LOS NIÑOS
Pero hay algo que le ha dado el justo prestigio a Besozzo. Su obra social con los niños a todos los escolares del Cerro les corta el pelo gratis. Para ellos hay un horario especial: de 13 a 15. La peluquería se llena de niños, todos los días. Si alguien, en ese horario, quiere pagar cien pesos por una afeitada, no tiene suerte. Es para los niños, gratis. Único requisito: llevar un papel firmado por la Directora y con el sello de la escuela. Y esto no es de hoy: hombres de hoy, cuando eran niños iban a la peluquería. Besozzo hace esto por su sentido de la solidaridad social.

No quiere ser candidato a nada. Por eso, "AL ROJO VIVO" le hace esta nota. Lo que quiere Besozzo es, simplemente, una franquicia municipal para instalar, en un predio baldío del Cerro, una peluquería social. Hay que otorgarle eso. Está abonado por un cuarto de siglo de servicio a los pobres. Besozzo no es como cierto panadero, que vendía pan más barato y después se descubrió que lo podía vender porque, quizás, compraba bien barato un trigo que era robado a organismos públicos... Engañó mucha gente, consiguió publicidad y se hizo “hombre público”... Y nunca presentó un proyecto de ley que en realidad fuera de beneficio social. Besozzo, en su modestia, vive feliz, con el "Adiós Besozzo" de todo el vecindario.

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Esta publicación que pertenece a la revista "Al Rojo Vivo'' de 1965 nos muestra a Romeo Bezzoso Tabárez en plena actividad. Por lo que pudimos averiguar lamentablemente nunca logró tener la franquicia pero sí consiguió quedar en el recuerdo y el corazón de muchas generaciones de cerrenses. 
 
Romeo Bezzoso Tabárez nació en 1911 en la misma Villa del Cerro, como muchos de los habitantes de la villa en esa época era hijo de inmigrantes italianos. Su profesión la inició en una peluquería que estaba ubicada en las esquinas de Bogotá y Austria pero posteriormente se mudo a su lugar definitivo y distintivo de Río de Janeiro y Bogotá.
 
Sus vecinos hablan de él como una gran persona, muy respetuoso, quienes de niños se cortaron el pelo de forma gratuita lo recuerdan con mucho cariño. Bezzoso fue un personaje hijo de la Villa de Cerro, de otra época,  de otros valores. 
 
En el año 2006 tras un pedido de los vecinos del cerro se le puso a la calle interna de la nueva terminal el nombre de Romeo Bezzoso Tabárez. Merecedio homenaje aunque si me pregunta a mi, como nostalgioso que soy, me encantaría que en la esquina de Bogotá y Río de Janeiro en la casa que todavía existe se cuelgue el cartel que diga; Peluquería del Pueblo Bezzoso Tabárez, y alguna intervención en pintura (graffity) para que el recuerdo no quede frio y siga vivo en este siglo 21.