Contra el escepticismo de todos, noche a noche desvelándose, haciendo planos y endosándoles lo que se veía en las revistas técnicas de lejanos mundos, el ingeniero Mario Giampietro, fue el pionero de las transmisiones televisivas en Uruguay.

La radiotelefonía había sido su cuna. Luego, los precarios equipos, la importación de los mismos, de la RCA de Estados Unidos, la guerra demorando todo un par de años, y al fin la gran apuesta. Con una cámara y varios aparatos para “ver” produjo el milagro de ser el primero en Latinoamérica en realizar una emisión televisiva.

Fue el 9 de octubre de 1943. Los estudios y la platea, el enorme Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. El espectáculo, un concierto con Hugo Balzo. Allí los montevideanos que lograron ingresar encontraron esa magia de la simultaneidad, de conocer realmente lo que era la televisión -teledistancia. En un circuito cerrado, es cierto, pero en la maravilla de compartir lo que recién los países desarrollados estaban consolidando.

 

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Raúl Fontaina con Joselito

Pasaron 12 años para que, cuando la Exposición Nacional, en la vieja calle Centenario hubiera televisión en circuito cerrado para todo el mundo. Posteriormente, al cerrarse la muestra, al quedar vacío el enorme edificio cilíndrico, el empuje de Raúl Fontaina posibilitó la continuidad, ya como canal abierto para los pocos televisores que había en Montevideo.

Eran emisiones breves, de un par de horas. Comenzaban a las seis de la tarde, se alimentaban de documentales, películas viejas, telenovelas producidas en el mismo lugar, los informativos simplemente leídos y adornados por fotografías, a las que el camarógrafo Jorge “Pizza” Severino iba en cambios de enfoque seguros, sin corte. Porque allí había una sola cámara.
 
Fueron cinco años de soledad. Casi nadie creía en el poder de la imagen. Hubo que esperar hasta marzo de 1961, cuando la familia Romay puso en el aire MonteCarlo TV Canal 4. La noche prevista, con decenas de invitados de todo el continente, para montar un espectáculo a lo grande, un problema técnico obligó a postergar un día la salida al aire. Para ese entonces se podía calcular en algún millar el número de televisores.
 
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Salón de los Pasos Perdidos - Palacio Legislativo, lugar donde se transmitió por primera vez en américa latina.
 
El 4 dominó cómodamente la década del 60. Poco después, en una carrera para no dar muchas ventajas, en mayo de 1962 comenzó a emitir Canal 12 Teledoce, Televisora Larrañaga, en los viejos galpones de la firma Oyama en la calle Enriqueta Compte y Riqué, con Mario Giampietro como permisario de la onda y uno de los directores de la empresa. Mientras tanto, los intentos de un canal oficial dormían el sueño de los injustos. Hubo que esperar un aniversario, el del nacimiento de Artigas, en 1963, para que precariamente comenzará sus emisiones Canal 5 Sodre TV.
 
El 25 de agosto de 1981 se llegó a la emisión en color, en otro aniversario patrio, el 25 de agosto de 1981, aunque ya se habían efectuado transmisiones para el exterior durante el “mundialito”. Los satélites, el cable coaxial, la expansión al interior del país, la fibra óptica, la tevé cable y ahora la tevé satelital son parte de esta historia a la uruguaya, a ponchazos pero con ganas.
 

Comerciales en serie

Carlos Mangilli, uno de los primeros camarógrafos de Saeta, luego director de piso, recuerda con cariño aquellos “locos años”, que desaparecieron con la llegada del videotape. “Era una época de mucha gente corriendo de un lado a otro, papeles en mano, aprendiendo sus versos para el comercial. Eso se fue cuando vino el tape, luego llegaron los cortos publicitarios y todo eso se perdió. En aquel entonces, como se trabajaba con una cámara sola, el enorme galpón era ocupado por un escritorio aquí, otro más allá y así más y más, con pequeñas separaciones. Sobre cada escritorio el producto a vender y sentado el locutor. Y nosotros íbamos de mesa en mesa saltando de planos del producto a planos del vendedor”.
 
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Primer noticiero televisivo, Fontaina con Jinx Faulkenberg, de la NBC.
 
De aquella época surge el recuerdo para profesionales como Américo Torres, que si tenía que decir un comercial en 30 segundos lo hacía en 30, ni más ni menos. Para Cristina Morán, siempre linda; para julio Cabot, un hombre que Raúl Fontaina llevó de radio Carve y tenía una voz increíble; para Angel Laborde, un argentino que había hecho cine y aquí trabajaba exclusivamente para la agencia Impetu; para Carlos Del Valle, un vendedor nato, que se tomaba litros y litros de cerveza delante de cámara para nuestra sed o comía los Ricarditos poniendo una cara de satisfacción llena de gozo que contagiaba; para Juan Carlos Victorica, que inventó los almuerzos antes que Mirtha Legrand; para toda una pléyade de osados partícipes de esa aventura.
 
A golpes se aprende, claro. Mangilli rememora cuando debían hacer los largos travellings sobre los pisos de madera, lo que era fácil para trasladarse si se seguía la veta pero cuando se iba a contramano llegaban los saltos y sobresaltos. La experiencia ganada le permitió irse una temporada a Canal 9 de Buenos Aires y allí sacar al aire un teleteatro que se llamaba Cámara Uno, por el simple hecho de ser filmado con una única cámara.
 
 
Publicado en Revista Tres, 1996