Lo que fue en una época Sarandi y Cámaras. Y hasta hace pocos años la esquina de Andes y 18 de Julio. Eso es ahora Ejido y 18. El corazón mismo de la ciudad, desplazado casi hasta el Cordón, a impulsos de una irresistible corriente de progreso.

Empezó a declinar el prestigio de gran esquina que adornaba a 18 y Andes, porque la ciudad se fue ensanchando, buscando espacio para sus nuevos rascacielos y avenidas, expandiéndose hacia el este con acelerado ritmo de metrópoli. Y la esquina de Andes, friolenta y ventosa, tuvo que dejar su cetro a la de Ejido, que es ahora un auténtico eje de la vida montevideana.

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En la misma forma como los paseos tradicionales por Sarandí se acortaron, así se alargó por 18 de Julio, llegando hasta Ejido, la diaria recorrida de las niñas elegantes. Y detrás han ido ellos, los muchachos que presumen. La caravana aumenta constantemente, y la avenida se pone densa de muchedumbre que transita sin prisa. Un tanto recargada la acera del sur, que, no sabemos por qué causa, disfruta de mayores preferencias para el paseo. Los viernes, en especial modo. Día que se puso de moda en aquellos tiempos del Señor de la Paciencia, todas las semanas visitado por millares de devotas. Y casi olvidado ahora por la humana ingratitud.

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El Palacio Municipal a plena luz del sol, visto a través de la linea del transito callejero, nutrido y vertiginoso, que le da especiales características al paraje.

Hasta Ejido vienen caminando las gentes. Y aquí en esta esquina se forman las grandes concentraciones, que los tranvías y los ómnibus reparten para los cuatro puntos cardinales de la ciudad. La esquina de Ejido se ha convertido así en la más importante, desde el punto de vista del movimiento popular. Es una esquina que se ha impuesto. Triunfadora neta. Joven y hermosa como una diva de “primo cartello”. Y como ella, peligrosa para los adolescentes distraidos. Y muy tentadora para los comeriantes ricos...

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¿Qué tiene 18 y Ejido que yo no lo tenga?, se podría preguntar otra esquina cualquiera de la avenida, sin reparar en la especial atracción de su importante rival. Si no bastara la presencia del Palacio, en donde radica el gobierno de la ciudad, otras circunstancias se agregarían a hacer de 18 de Julio y Ejido la esquina de ritmo más agitado y nervioso, el cruce de calles más trajinado y violento, la zona directriz, la brújula casi, para todos los rumbos y todas las rutinas. El puerto, la ciudad vieja, Ramírez, Pocitos, Malvín, Carrasco, Caputro, el Prado, Reducto, Villa Muñoz, la Unión, Maroñas... para todos los destinos se puede salir desde esta esquina. Todos los hilos, todas las vías, todos los trayectos se cruzan por ella.

Ninguna otra, tampoco, es más propicia para la espera. Ya que tiene techos protectores de la lluvia y del sol, y bares que.. apagan nuestra sed. Hornos de “pizza”, para el bocado rápido. Múltiples vendedores de golosinas. La voz de Varelita pregonando sus diarios. Y la de Doña María —-veinte años en 18 y Ejido, — ofreciendo la suerte, con la voz ya cascada por los años» Pero el gesto siempre digna de una española, republicana y verdadera.

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Esta sl Doña Maria. Que no es Doña Maria la Brava, sino una señora que vende diarios y loterías desde hace veinte años, con heroico espíritu y generales simpatías. El kiosco de Esmoris, deportista popular, que ha echado raíces en la nomenclatura de la sona. Punto de referencias para miles de citas.

En las cuatro esquinas de esta esquina, los racimos humanos se tiñen con las diversas luces del dia, sin que se amengüe su volumen. Hombres y mujeres que van y que vienen. Hombres que esperan. Mujeres que esperan. Escolares que se nos atraviesan al paso. Obreros que regresan con su cansancio y descansados mozalbetes que madrugan con el mediodía. De los vehículos colectivos bajan docenas de muchachas, señoras obesas, hombres de todas las edades. Bajan y suben. Cruzan la calle. Se paran en la esquina. Entran al Municipio. Se asoman a los cafés. Compran diarios o chocolatines. Hacen su jugadita a la quiniela. El varita dirige su marcha desde el medio de la calzada, impasible y sereno. Los autos, los tranvías, los autobuses, las bicicletas y los carros, al igual que las personas, le obedecen siguiendo el compás de sus brazos de molino viviente.

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Las palmeras de Ejido, sobre la plazoleta del Palacio Municipal, le prestan a esta esquina una curiosa y pintoresca sensación de ciudad tropical, embelleciendo sin duda, la perspectiva montevideana.

El alma de la ciudad se estremece, vibra en esta esquina. Que es una confluencia de millones de esperanzas, de inquietudes, de alegrías y de tedios. En la plazoleta se han cumplido grandes mitines de agitación popular. En las aceras se han repartido las consignas de todas las luchas que apasionaron al país. Ejido y 18 tiene su historia de combates por la justicia social, desde las tribunas proletarias que muchas veces se levantaron ahí. Y el aire de la esquina se ha poblado de los ecos del mundo entero, a través de los altoparlantes de las radios próximas. Y con los cantos de redención de las manifestaciones obreras. Y los coros sagrados de las procesiones religiosas. Y las voces ardientes de los estudiantes en huelga.

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Un espectáculo corriente de la esquina, repetido a todas horas, que señala a 18 y Ejido como el eje de todos los horizontes y todos los destinos hacia los que se mueve la población de la ciudad.

¿Qué tiene Ejido y 18, que no lo tengan las otras esquinas?... No se sabe bien. Son muchas cosas, inefables algunas, precisas y rotundas las más. Esquina rutilante y alegre, desde la cual se inician todas las sonrisas de la urbe. Centro neurálgico desde donde se logra estremecer el espinazo de la avenida. Esquina que se abre a todos los horizontes y que guarda, en la simbólica cruz de su asfalto, el misterio de todas las partidas y la angustia de todas las esperas.

Por ALBERTO ETCHEPARE

 

Hoy en pleno 2020 quedaron muy atrás los sonidos de los tranvías, por obvias razones de tiempo tampoco esta Doña Maríavendiendo diarios y algunos edificios sobre ejido fueron demolidos.

Las casas de comida rápida tomaron las esquinas desplazando a los viejos bares pero Ejido y 18 de Julio continua siendo uno de los puntos de la ciudad por donde mas gente pasa diariamente.

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