En la Unión todo lugar está impregnado de historia. En los atardeceres se desdibujan los perfiles y surgen los contornos borrosos de las páginas de historia y de leyenda. Horas de ensueño y recordación. Aquí en este solar, Agricultura casi Asilo, hace 110 años en una casa de azotea, nació Domingo Aramburú...

Época de esplendor, de progreso, de vida pueblerina sencilla y austera, con pocas pero fuertes emociones. La mancha azul del Cardal se va moteando de poblaciones que bajaron en su origen del Cerrito y hacen calle al camino a Maldonado. Surge con ímpetu la vida social y comercial.

Don Pedro Rizzardini abre un día las puertas de su “Restaurant Veneciano”, al que se acopla la confitería. Al año siguiente un incendio lo destruye. Muy pronto Francisco Guiifi, propietario de la finca, forma sociedad con el antiguo dueño Rizzardini y juntos reabren el local. Ahora, sobre la puerta recién pintada, aparece escrito en letras elegantes el nuevo nombre del establecimiento: “Confitería de La Liguria”...

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Era el año 1869. La leyenda pone ribetes románticos a este renacer. Surge de sus propias cenizas como el Ave Fénix, y adopta el nombre dulce y armonioso del golfo itálico. Tal vez
una añoranza, un recuerdo, pero por sobre todo la expresión patente de signo distintivo de los hombres de este pueblo: ánimo emprendedor y pujante iniciativa.

El vaivén del destino golpeó muchas veces las puertas de La Liguria; unas halló en su umbral la suerte propicia, y otras la adversidad. Pasaron los años y los hombres. Y la confitería fue echando raíces cada vez más profundas en la tierra del Cardal. Entre esos hombres no pueden ser olvidados don Domínen Demarco, ni don Juan Perrone, ni don Juan Pesce.

Así llegamos al 1915. Dos jóvenes de este pueblo la encuentran languideciente, marchita, y sienten en su sangre el calor de aquel rescoldo del 69. La magnitud de la empresa en perspectiva, comparada con la escasez de medios y el entusiasmo que los domina, hacen pensar que se han metido a Quijotes... Pero ya no pueden volverse atrás, van a correr el albur porque debajo del letrero “Confitería de La Liguria” campean los nombres de Filippini y Scaltritti, y con esa su primera bandera se internan el 25 de agosto en una senda escabrosa.

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Hay guerra en Europa y agonía en América. La vida de la villa ha sufrido muchos contrastes. Ya no se vuelca Montevideo a presenciar las corridas de toros, con sus carruajes floridos y sus trajes de luces. No llegan cascabeleando al Campo Español las panderetas y las castañuelas de las Romerías en sus volantas vestidas de carnaval.

En esa época es un fastidio vivir en la Unión. Rudo golpe para La Liguria también. Pero más de un abuelo recordará hoy la confitería de entonces. La juventud se volcaba en ella para concurrir a sus numerosas tertulias. Las había de gente de teatro, de literatos y poetas, de políticos, de estudiantes y profesionales, de comerciantes. Y por otro lado el naipe, el ajedrez, los campeonatos de billar.

En una mesa asombraba Márquez Guichón con su sprit candente y mordaz, en la siguiente alguien recitaba un verso, en la de más allá la carta del triunfo se escondía en el mazo poniendo puntos suspensivos de silencio a la emoción del juego. Y mientras tanto, sin comprenderla casi, la Unión fué creciendo. Rellenó zanjones con anhelos y por la senda azul del Cardal se arrimó a Montevideo. Y la confitería hija directa, la fue siguiendo. Se vistió de nuevo en cada etapa y un día llegó al centro, cuando los nombres de Scaltritti y Focal, su actual firma, se habían adentrado en la vida de su pueblo.

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Vista de 8 de Octubre desde una de las ventanas de la confitería en la década del 50.

En estos últimos 38 años siguió siendo como un ala donde se cobijan ideas nuevas y hombres emprendedores, y de allí han salido a la luz del éxito sociedades, comisiones, institutos y organizaciones, la última de las cuales es el Rotary Club local. En su ambiente grato se siguen escribiendo versos y los médicos celebran consulta. La baraja, el billar, las escenas pintorescas del juego son ya recuerdos que el tiempo desdibuja.

Más arraigada que nunca a su terruño. La Liguria pertenece ya a todo Montevideo y la campaña. Su constante y progresista transformación le hacen sentir con entusiasmo que ha contribuido a hacer más grata la vida de esta zona, cuando se han superado etapas gracias al esfuerzo de todos sus habitantes, porque es obra de ellos el progreso palpable y cierto de hoy, cuyas proyecciones de futuro son una promesa cercana y halagüeña.

Por eso en este nuevo aniversario de la confitería La Liguria, llega hasta ella nuestra sincera felicitación. Ha sabido imponer un prestigio comercial que es un sello distintivo de eficiencia y ha agregado su caudal espiritual al engrandecimiento de la Unión. De ese prestigio y de ese caudal y de esa leyenda escribirá pronto una página M. Ferdinand Pontac.

Mientras tanto, siga La Liguria siendo el “ateneo” donde se fragüen las ideas y las acciones nobles.

Publicado en Mundo Uruguayo, 1953

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La confitería gozó de gran esplendor hasta fines de los 60 pero con los cambios que trajo la modernidad y el cambio de perfil comercial la misma cerró sus puertas en el año 1997.

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