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Ciudad Puerto
La primer vista que todo visitante de la ciudad veía al llegar.
Parques y Plazas
Arboladas, cuidadas y muy concurridas, fueron las grandes plazas y parques montevideanos.
Ciudad de Trenes
Hoy olvidados, Montevideo supo ser una ciudad impulsada por la fuerza del tren.
Grandes Monumentos
Los homenajes a los grandes personajes de la historia del Uruguay y del mundo abundan en calles y plazas.
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Luis Feuillée (1660-1732) fue un sabio francés, con grandes conocimientos en astronomía, botánica, dibujo, geología, geografía, hidrografía, historia, ictiología, matemáticas, ornitología, etc. Era también sacerdote y escribía libros. En el de la ilustración está su relato montevideano. Ejemplar en el Museo Histórico Nacional.
 
A bordo de un velero pasó por Montevideo (asi se llamaba el Cerro) el 6 de agosto de 1708, rumbo a Buenos Aires. Regresó el 19 de octubre a la bahía montevideana, en la cual permaneció hasta el 29 de noviembre. Dieciocho años antes de la fundación de la ciudad.
 
Acampó con algunos marinos al pie del Cerro, frente a la hoy isla del Bizcochero. En las planicies del hoy Pantanoso se embestían las vacas chúcaras, dirigidas por toros bravíos. Jaurías de perros cimarrones rabiosos recorrían los campos, por los cuales no se aventuraba ningún indio. En la penillanura montevideana no había árboles, ni siquiera en las orillas de arroyos y cañadas. Solamente en la actual Punta Espinillo crecían unos pocos ejemplares de esa especie. Desde la cima del Cerro y mirando hacia los arroyos Las Piedras y Toledo, se veían millones de hermosisimas y multicolores flores silvestres primaverales. Los marinos construyeron un horno. Feuillée cavó una pequeña quinta, en la que sembró lechugas, repollos y rabanitos.  
 
El clima era tan imprevisto y variable como ahora. El sabio se enfermó por su causa y se refugió en el velero. En la bahia había otro, con la tripulación diezmada por el escorbuto: carencia de vitamina C en la comida. A los pocos días llegó otro más, con la tripulación arrasada por dicha enfermedad: levantaron carpas en la Aguada para curar a los enfermos.

Mejorado, Feuillée bajó de nuevo a tierra. Estudio muchas plantas, especialmente la contrayerba, que vive siempre en el Cerro, según Atilio Lombardo en Flora montevidensis. Tuvo una graciosa aventura con un zorrillo. Estudió los peces de arroyos y cañadas. Sondeó la bahía e hizo estudios sobre la salinidad periódica de las aguas. Midió la altitud del Cerro y comprobó su latitud. Estudió las aves algunas muy confiadas como las tacuaritas, que anidaban en botas y sombreros de los marinos. Observó detenidamente al planeta Júpiter...
 
Los nombres Isla de Flores y Punta Carretas ya existían. Hecha la provisión de galleta y pan por parte de los marinos del horno, se embarcaron para seguir viaje. Feuillée continuó hacia Chile y Perú para realizar estudios científicos.
 
Benjamin M Alvarez
(Florida)
Publicado en El Dia.

 

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