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Ciudad Puerto
La primer vista que todo visitante de la ciudad veía al llegar.
Parques y Plazas
Arboladas, cuidadas y muy concurridas, fueron las grandes plazas y parques montevideanos.
Ciudad de Trenes
Hoy olvidados, Montevideo supo ser una ciudad impulsada por la fuerza del tren.
Grandes Monumentos
Los homenajes a los grandes personajes de la historia del Uruguay y del mundo abundan en calles y plazas.
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Por poco que se hable de Montevideo, el titulo dice al menos avisado que nos referimos al casco viejo de la Muy Fiel y Reconquistadora. Al conglomerado urbano disperso entre las cincuentaidos manzanas, cuna de pueblo e historia; lengua de tierra y piedra que avanza hacia el mar, cerrando Ia hermosa bahía. Al tramo que en 1819 albergaba 7116 almas, incluidos 1745 africanos esclavos, hábitat y sepulcro, por que la vida activa Iatente entre calles y techos dormía el ultimo sueño bajo, los pisos de Ia inconclusa Iglesia Matriz.

 

Un encendedor que lanza agua al ser accionado, un asiento de goma que produce un comprometedor ruido al sentarse sobre él, un líquido que cae sobre la ropa y desaparece a los tres minutos. Un “calentador” de asientos, un dispositivo que explota dentro de los cigarrillos, bombas de humo y de mal olor. Lapiceras y libros que explotan, cajas que se abren y disparan una lluvia de papel picado. Disfraces y máscaras.

 

Lamentablemente nos estamos acostumbrados a lamentar la perdida de grandes y pequeños edificios de gran valor patrimonial como algo normal y necesario para el progreso de la ciudad.

 

Que los uruguayos, son los buenos Juanes de Sud-América, se experimenta desde el principio, cuando uno se dirige al consulado para hacer visar el pasaporte. Los uruguayos lo tratan a usted como a un huésped y como a un caballero, a menos que pruebe lo contrario.

 

El Cerro de Montevideo generó el nombre de nuestra capital y siempre ha sido símbolo heráldico en nuestros escudos. Si bien está fisonómicamente documentado desde el siglo XVIII, hay muy pocos datos de cómo era su paisaje antes de la conquista y durante los dos siglos transcurridos entre su descubrimiento por Magallanes (1520) y la fundación de Montevideo (1726).

 

El 17 de marzo de 1913, con una sencilla ceremonia que consistió en la lectura de la orden general número 1155 del Estado Mayor del Ejército, emanada del Ministerio de Guerra y Marina, se dio por inaugurada la Escuela de Aviación Militar en un potrero de la estancia Santo Domingo, hoy Campo Militar N21 del Ejército, cercano a Los Cerrillos, Canelones.

 

Es bien conocida la relación entre nuestra ciudad y los ruidosos y simpáticos tranvías. Ha sido documentada al detalle, desde aquella etapa inicial "de caballitos" hasta la primera mitad del siglo xx, marcada por el reinado del tranvía eléctrico. De lo que no se ha escrito ni hablado tanto es de la peripecia vivida por el competidor de los coches sobre rieles: el ómnibus, que a la larga iba a ser quien ganara la partida.

 

Nuestra ciudad tiene una marcada característica aluvional. Junto a los inmigrantes desembarcaron por aquí costumbres y encares de la vida muy diversos. En esa variedad no faltaron las propuestas esotéricas -que se fueron desarrollando históricamente desde muy temprano-que han quedado reflejadas en monumentos, antiguos caserones céntricos, en simples casas viejas de los barrios, y hasta en edificios notorios por su extravagancia.

 

Como una evocación siempre lozana, el viejo reloj de la Matriz seguirá siendo uno de los motivos mas característicos de nuestra ciudad. A pesar de los progresos urbanos, que hacen aparecer otros relojes en las torres de los palacetes y en las esquinas de mayor transito, el reloj de la Catedral da la hora con esa constante exactitud que le ha valido merecido prestigio.

 

Hasta nosotros ha llegado la noticia, de que se tramita con toda urgencia la adquisición por el Estado, en una cantidad verdaderamente excesiva, del cuadro <La muerte de Artigas> del joven pintor nacional Borrazas, que lo había expuesto, hace unos meses, en el Salon Maveroff.

 

Hoy compartimos la segunda entrega de las fotos que cuentan algo. En este caso nos vamos a ir a los principios del siglo 19 para conocer algún personaje callejero y la visión que tenían los montevideanos de algunos cambios que se realizaban en la ciudad.

 

He observado que el manejo del auto me pone muy precipitado y nervioso, y que el tránsito, cada vez más difícil, le quita a mi espíritu la calma y la serenidad que tanto aprecio. Consideré también que resultaría un verdadero paseo viajar en esos coches nuevos que circulan por Montevideo y que yo veía, blancos y grandes como yatchs, pasar junto a mi auto. Resolví ir en lo sucesivo a mi trabajo en ómnibus, y dejar mi coche sólo para lo realmente imprescindible.

 

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