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Ciudad Puerto
La primer vista que todo visitante de la ciudad veía al llegar.
Parques y Plazas
Arboladas, cuidadas y muy concurridas, fueron las grandes plazas y parques montevideanos.
Ciudad de Trenes
Hoy olvidados, Montevideo supo ser una ciudad impulsada por la fuerza del tren.
Grandes Monumentos
Los homenajes a los grandes personajes de la historia del Uruguay y del mundo abundan en calles y plazas.
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La calle Rio Branco se encuentra en el centro de Montevideo y tiene apenas una extensión de 7 cuadras desde 18 de Julio hasta la Rambla Portuaria Franklin D. Roosevelt. En ella podemos ver supermercados, panaderías, almacenes, kioscos, hoteles, agencias de viaje, casas de cobranza, la radio El Espectador, y muchas cosas mas, pero seguramente la calles es transitada mayoritariamente por quienes viven en las afueras de Montevideo ya que al final de la calle se encuentra la Terminal Baltasar Brum, mejor conocida como la Terminal de Rio Branco.

 

Continuamos nuestra recorrida buscando las capturas que dejo Google Maps en el año 2015 por los barrios de Montevideo. En esta tercera etapa vamos a transitar por los barrios Centro y Palermo.

 

Seguimos nuestra recorrida buscando las capturas que dejo Google Maps en el año 2015 por los barrios de Montevideo. En esta segunda etapa vamos a transitar por el barrio Bella Vista y Palermo.

 

En el año 2015 paso por Uruguay el gigante de internet Google, y con un sistema de cámaras en 360 grados en la cima de una camioneta capturo imágenes de todas las calles de Montevideo.

 

Hay cierto  cruce  cuyo  paisaje  urbano  simboliza como  pocos el sincretismo arquitectonico que es uno de los perfiles mas marcados de la capital uruguaya.  Es la confluencia de las calles Guayabo y Frugoni, allí donde termina la peatonal que corre entre la universidad y la Biblioteca Nacional. la preside un monolito en memoria de Francisco Antonio Maciel -aquel primer filantropo  de  la  provinciana  ciudad  colonial-  que murió  en  ese  lugar preciso  el 20 de  enero  de  1807, cuando los montevideanos repelían las invasiones inglesas.

 

La costumbre coloquial de reunirse para intercambiar ideas, polemizar, reflexionar, filosofar, o simplemente dialogar constituye una rica y larga tradición uruguaya. La misma no cesó ni siquiera durante el largo y oscuro período de la pasada dictadura. En esas condiciones nada propicias fueron unas cuantas las tertulias que surgieron en Montevideo, aunque a quienes no conozcan los detalles de esta historia les pueda parecer mentira.

 

Estamos acostumbrados al privilegio de tener a mano una hermosa y larga rambla, que abarca todo el litoral de la ciudad, así como playas urbanas accesibles y variadas. Por eso nos cuesta imaginar un escenario diferente en nuestra ribera platense. Olvidamos que en 1920 todavía no existía la rambla, y una década después aun Malvin y Carrasco eran lejanos balnearios. Les invitamos a hacer un viaje imaginario hacia el pasado, remontando la evolución de las viejas playas montevideanas hoy desaparecidas.

 

Por poco que se hable de Montevideo, el titulo dice al menos avisado que nos referimos al casco viejo de la Muy Fiel y Reconquistadora. Al conglomerado urbano disperso entre las cincuentaidos manzanas, cuna de pueblo e historia; lengua de tierra y piedra que avanza hacia el mar, cerrando Ia hermosa bahía. Al tramo que en 1819 albergaba 7116 almas, incluidos 1745 africanos esclavos, hábitat y sepulcro, por que la vida activa Iatente entre calles y techos dormía el ultimo sueño bajo, los pisos de Ia inconclusa Iglesia Matriz.

 

Un encendedor que lanza agua al ser accionado, un asiento de goma que produce un comprometedor ruido al sentarse sobre él, un líquido que cae sobre la ropa y desaparece a los tres minutos. Un “calentador” de asientos, un dispositivo que explota dentro de los cigarrillos, bombas de humo y de mal olor. Lapiceras y libros que explotan, cajas que se abren y disparan una lluvia de papel picado. Disfraces y máscaras.

 

Lamentablemente nos estamos acostumbrados a lamentar la perdida de grandes y pequeños edificios de gran valor patrimonial como algo normal y necesario para el progreso de la ciudad.

 

Que los uruguayos, son los buenos Juanes de Sud-América, se experimenta desde el principio, cuando uno se dirige al consulado para hacer visar el pasaporte. Los uruguayos lo tratan a usted como a un huésped y como a un caballero, a menos que pruebe lo contrario.

 

El Cerro de Montevideo generó el nombre de nuestra capital y siempre ha sido símbolo heráldico en nuestros escudos. Si bien está fisonómicamente documentado desde el siglo XVIII, hay muy pocos datos de cómo era su paisaje antes de la conquista y durante los dos siglos transcurridos entre su descubrimiento por Magallanes (1520) y la fundación de Montevideo (1726).

 

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