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La primer vista que todo visitante de la ciudad veía al llegar.
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Arboladas, cuidadas y muy concurridas, fueron las grandes plazas y parques montevideanos.
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Hoy olvidados, Montevideo supo ser una ciudad impulsada por la fuerza del tren.
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Los homenajes a los grandes personajes de la historia del Uruguay y del mundo abundan en calles y plazas.
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No siempre la geografía uruguaya recibió de igual manera a Punta Carretas en su inventario costanero. Quien primero se refirió al origen de dicha denominación fue, creemos, Louis Feuillée. Este hombre de ciencia y sacerdote francés que desembarcara en la bahía montevideana el 30 de octubre de 1708 nos ha legado esta información toponimica en su obra "Journal des Observations Phisiques, mathematiques et Botaniques ... ": "Se ha dado el nombre de Carretas a un cabo que avanza en el rio a dos leguas al este de la punta que cierra la bahía de Montevideo a causa de las varias rocas que asoman y de otras muy peligrosas escondidas debajo de las aguas,"
 
Cerca de dos siglos después. en 1895. Isidoro ele 1V1aría en su "Nomenclatura Topográfica" nos ofrece esta versión coincidente del origen de tal denominación: "Viene este nombre de la configuración atribuida a sus peñascos. parecidos a carretas," Presumiblemente por desconocimiento de topógrafos o marinos acerca de nuestra realidad' geográfica, su nombre fue diversamente aplicado. Alguna vez, en 1698, una carta francesa identificó así el arrecife conocido en la actualidad por Las Pipas, mientras la Punta Carretas era indicada como Punta Brava, justo calificativo, ya que su largo arrecife se introducía como una cuña en el Río de la Plata, amenazando a las embarcaciones que navegaban por su vecindad. Otros planos de fines del siglo XVIII le asignan el nombre de Carretas a la actual Punta Gorda (es quizá a esta saliente rocosa a la que se refiere Feuillée) ; en 1846, el plano topográfico del Agr. Pedro Pico registra la actual Punta Trouville con la denominación Punta Carretas.
 
punta carretas
Vista general del barrio
 
Sólo en 1872, en planos levantados por Pablo Santias y Francisco Surroca, Punta Carretas se incorpora al nomenclator cotidiano y familiar de los montevideanos. Quizá haya influido en la actual denominación el recuerdo del tránsito rechinante de lentas carretas que visitaban el saladero de Tort, en aquellas soledades oreadas por los vientos. Desde 1789 poseyó estas tierras Salvador Tort. Su hijo Mathias las adquirió al gobierno de la república en 1833. Éste había nacido en Buenos Aires y radicado posteriormente en Montevideo~ integra en 1834, junto a Manuel Oribe, José de Bejar, Manuel Otero, Pedro Pablo de la Sierra y Juan A. Gelly, la Sociedad de Agricultura, creada con el objeto de perfeccionar los métodos de cultivos en el país. La instalación del saladero de Mathías Tort fue decisiva en la formación inicial de la estructura económica y social de la zona. Según el historiador Juan E. Pivel Devoto dicho saladero fue emplazado en la edificación de un viejo fortín español, construido de piedra de silleria en el cruce de las actuales calles Ellauri y Tabaré. En sus últimos tiempos fue  utilizado como estación del Tranvía del Este.
 
Punta Carretas mantuvo siempre una constante vinculación con el deporte. Inicialmente fue el turf. Es de recordar que hacia 1788 ya existía una pista recta de carreras de caballos, ubicada por el Arq. Carlos Pérez Montero, aproximadamente, entre las actuales calles Río Negro y Yi, sobre una diagonal que se extendía entre la hoy calle San José y la Avda. 18 de Julio. El hipódromo del Este surgió gracias a los esfuerzos de José A. ·Costa, Antolín de León, Pedro Risso y Silvestre Ayala. La Comisión Honoraria estaba presidida por el Dr. José Pedro Ramírez y bajo su patrocinio se inauguró este circo. Unas jugosas crónicas de "La República", aparecidas en el mes de abril de 1861, dan cuenta de dicho espectáculo en Punta Carretas. A la "función campestre" concurrieron 3.000 personas que presenciaron cinco carreras de caballos y una de a pie, ganada por "un policiano de Panda". Este Hipódromo del Este, situado frente al campo de maniobras, lugar donde hoy levanta sus muros la Cárcel Penitenciaria, vio declinar su estrella al fundarse el Jockey Club. Los socios se desvincularon en forma casi masiva y ello provocó el fin de su vida deportiva y social.
 
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Vista aérea del barrio con el penitenciaria
 
Punta Carretas vio florecer una gracia bíblica en el ámbito de la quinta de Luis de la Torre, uno de los pioneros de nuestra viticultura. Teodoro Álvarez, en su obra "Viticultura general", menciona a de la Torre como  propagandista incansable de la viticultura; en su quinta, dice, cultivaba hacia 1874 todas las clases de uva conocidas hasta aquella fecha en el país: morada, moscatel blanca, chasselas blanca, chasselas negra de piña y frutilla. Luis de la Torre fue uno de los que llevaron a la práctica la idea de la fundación de la Asociación Rural del Uruguay, de cuya Junta Directiva era presidente. La Punta Brava, con su aviesa presencia, seguía acechando a los navíos. Era necesario indicar sus peligros a los marinos y navegantes del cabotaje costero. El 1 de octubre de 1876, dando cumplimiento a la ley de 13 de julio de 1875, comenzó a brillar el faro de Punta Carretas, tan familiar hoy a los ciudadanos de Montevideo. Desde la farola, situada a 21 metros sobre el nivel del mar, el faro emitió una luz blanca, fija, visible a 10 millas con tiempo claro. Desde agosto de 1948 funciona con destellos rojos y blancos. Hacia 1878 el repertorio edilicio de Punta Carretas era mínimo. Guardando la espalda a la farola se levantaba. en aquellas soledades la estación del Tranvia del Este; a poca distancia de ella había un almacén de comestibles y una larga casona habitada por familias de magros recursos. Los que concurrían los domingos a esta zona tan despoblada lo hacían atraídos por la fama de buen pesquero que tenía la punta y sus adyacencias.
 
faro punta carretas
Faro de Punta Carretas
 
Entre los habituales pescadores se hallaban José Achinelli y Andrés Dionisia, que alquilaron en 1878 una pequeña casa. y tras Achinelli y su amigo aparecen otros dos, Ramón Carballo y José Zuchelli, que se asocian a aquéllos. Paralelamente a las largas y pacientes jornadas de agua y aparejo, que inspiraron a Nicanor Blanes hacia 1887, se organizaban comilonas suculentas, regadas con buen vino. La casa adquirió para los amigos el significado de un grato simbolo. Y Zuchelli, que era aficionado a leer novelas francesas, halló un buen día en una de ellas una frase latina que le atrajo sobremanera para denominar la modesta vivienda de los pescadores domingueros: Parva Domus, Magna Quies. El nombre -casa pequeña, tranquilidad grande- iba a trascender aquella festiva intención. Pronto la asociación de otros amigos, redoblaron las ricas banqueteadas y el espíritu zumbón, y hubo que alquilar otra habitación y comprar muebles. La sociedad estaba en marcha y en 1895 constituyó sus autoridades. Desde esa época, en ese "reinado espiritual del buen humor" que hoy ocupa un predio enjardinado de Punta Carretas, se come bien, existe una fuerza punitiva y un poder ejecutivo de una "república" independiente, integrada solamente por hombres, algunos con destacada :actuación pública en nuestro medio>. Allí las dignidades de la vida seria de la ciudad se convierten en alimento para la farsa en la unión cordial de la amistad.
 
Punta Carretas está asociada a los comienzos del fútbol uruguayo. Cuando en 1891 se forman los primeros equipos organizados, Punta Carretas será lugar de cita para los noveles jugadores. Alli, el 25 de junio de 1899 inició su brillante trayectoria el Club Nacional de Football en encuentro realizado contra el Uruguay Athletic Club. En marzo de 1913 se funda el Club Atlético Defensor, modestamente originado como equipo de la fábrica de vidrios existente donde hoy se encuentra la escuela Francia, en calle Echeverria. Poco después del fútbol surgía el golf. Esta vez fueron los escoceses, que en 1895 comenzaron la construcción de una cancha en el sitio donde actualmente está la cancha municipal. Todo iba muy bien pero el viento se encargó de malograr estos esfuerzos pioneros. El 15 de agosto de 1899 se levantó un terrible huracán que hizo volar por los aíres la casilla de la sede. Cuando ésta cayó, a muchos metros de distancia, el socio Bowles estaba herido de muerte y otros jugadores habían sufrido graves lesiones. Este dramático accidente aplacó el entusiasmo de los animosos escoceses. No obstante, el juego se difundió cuando el Club Uruguay, constituido en 1922, inició su exitosa existencia. Desde entonces la pasión por los links priva en una élite selecta, que vive con entusiasmo la diestra aventura del juego. En agosto de 1925, año en el que se agregaron tres hoyos más en su recorrido, el Club de Golf del Uruguay recibió la visita del Príncipe de Gales, Eduardo de Windsor, quien jugó un encuentro que siempre se recuerda.
 
ejercito uruguayo 1917
 Maniobras del Ejercito Uruguayo en Punta Carretas, 1917
 
La aviación tampoco es ajena a Punta Carretas. En 1910 un médico uruguayo, el Dr. Alberto Eirale, construyó un avión casero en el local del Polígono de Tiro. Como el motor de 50 H. P. no funcionaba, el aparato fue  abandonado. Del mismo Poligono salió en enero de 1914 la aeronave Dupperdusin, tripulada por el piloto inglés Barran con el periodista. Vicente Salaverri, recientemente fallecido, como acompañante. El largo salto terminó con felicidad en la playa Ramírez. La vida de Punta Carretas es plácida y serena. Pero el barrio residencial, poblado por gente poco ruidosa, salvo las francachelas de la Parva Domus, de cuando en cuando se ha visto sobresaltado por sucesos que conmovieron la tensión ciudadana. Uno de ellos fue la evasión del Penal que tuvo lugar el 18 de marzo de 1931. Desde la carbonería "Al Buen Trato" se excavó un túnel de 43 metros de largo y por él escaparon cuatro asaltantes del cambio Messina, más otros peligrosos delincuentes que aprovecharon para fugarse el túnel planeado por la mente de Gino Gatti. La mole gris de la Cárcel Penitenciaria, inaugurada en 1910, es la sombra melancólica de esta barriada acariciada por el rio. Barriada luminosa, "de distinción intelectual", tiene casas tan célebres como la del máximo cantor de nuestra historia, Juan Zorrilla de San Martin, hoy convertida en museo, donde el ilustre poeta escribiera alguna de sus obras, o como el taller de su hijo, el escultor José Luis Zorrilla.
casa juan zorrilla san martinCasa de Juan Zorrilla de San Martin
 
El texto es parte del libro "Los Barrios" de Anibal Barrios Pintos y seguramente pudieron notar que es de la decada del 70, por esta razón habla del Penal de Punta Carretas todavia en funcionamiento. En 1991 comenzó el reciclaje y remodelación del penal. La antigua Penitenciaría abrió sus puertas como el Punta Carretas Shopping Center, en 1994.
 

 

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